La Olla del Diablo en imágenes
Giovanni, el hermano mayor, junto a Catalina, Paola y Giancarlo Mascheroni.
Aquí el joven Mascheroni preparándose sin saberlo para la batalla más fuerte, una que libró contra sí mismo.
Una vez en Barcelona, con mucho esfuerzo Giovanni trabajó muy duro para conseguir con el tiempo una modesta casa casi en ruinas, como su cabeza, como muchas cosas en su mundo.
Y trabajando poco a poco la casa no fue lo único que reconstruyó, también su vida.
Una empresa propia, a su cargo y cinco transportes ahora son su único vicio, Barnacleta.
Oliver y Laantje, la recompensa del universo a su lucha.
“Hace 20 años que no veía a mi abuela y cuando por fin tuve la oportunidad de reencontrarme con ella me cocinó el mismo plato que me hacía cuando apenas era un niño, imagínate tú volver a probar eso. Oliver, mi hijo, que es bien complicado para comer lo que sea, se lo empacó en un momento y luego repitió”. A Giovanni le tardó una vida volver a ver a una parte de la familia que un día perdió. Deerfield beach en Estados unidos fue el lugar que presenció este año el encuentro con su Abuela de 90 años, acompañada también de sus tías y primas.
La magia de la puesta en escena.
La animación en stop motion consiste en fotografiar cuadro a cuadro objetos, para así al reproducirlos dar la sensación de movimiento, o incluso de vida. Algunas de las secuencias implicaron muchas figuras en plastilina para crear tan solo un movimiento.
En otros casos se elaboraron marionetas articuladas para simular el movimiento animado.
Animación viene del latín 'anima' que significa alma, es decir, darle vida a las cosas.
Dato curioso: el 50% de las escenas fueron grabadas en un orfanato abandonado a las afueras de Bogotá.
Para evitar así que la luz natural se colara por algún lugar y tener el control completo de la artificial, la mayoría de animaciones fueron grabadas a altas horas de la noche o la madrugada en este sitio alejado de cualquier carretera
Para culminar este corto fue necesario trabajar el doble, o triple. Largas jornadas de más de 17 horas fueron una constante necesaria para lograr terminar el proyecto. En la foto los gemelos Torres -realizadores- quienes ayudaron a grabar varias de las secuencias animadas junto a Román Andrés Avendaño, el Director de La Olla del Diablo.
Cumplir sueños implica hacer maromas desde temprano. Varias de las secuencias exteriores fueron grabadas desde las tres de la mañana en centro de la capital colombiana, más exactamente en las calles aledañas al verdadero Bronx. En la foto Julián Mauricio Restrepo -Jefe editorial digital de Caracol Televisión- Junto a Román Avendaño -Director de este proyecto-.
El final de este camino será ponerse en los zapatos de Mascheroni y entender que los pasajes oscuros expuestos aquí han sido compartidos con el único propósito de no repetir su historia.